Por Ulises Santoyo
Michoacán pidió ayuda. Los activistas lo advirtieron. Algunos perdieron la vida en el intento. Entre ellos surgió una voz que se negó a callar: la del presidente municipal de Uruapan, Michoacán, Carlos Manzo.
Fue él quien, con valor y convicción, levantó la voz y le dijo al gobierno federal: “Necesito ayuda.” Y sí, es cierto, le asignaron escoltas; pero también es verdad que se enfrentó de lleno al crimen organizado, y eso incomodó a muchos. En un estado donde el silencio se compra y el miedo se impone, Carlos Manzo decidió no doblegarse.
Ayer, en medio de un evento de velas, frente a su gente, en la plaza principal de Uruapan, le arrebataron la vida a un hombre que lo dio todo por su pueblo. Un padre de familia, esposo y líder, con una vida joven y dos hijos que hoy heredan el legado más grande: el de la valentía.
Carlos Manzo no tenía partido. Tenía causa. Tenía pueblo. Tenía dignidad. Y por eso su muerte duele tanto. Porque su lucha no fue por un color ni por un cargo, sino por la seguridad y el bienestar de los suyos.
Hoy, mientras la ciudadanía grita “¡justicia!”, los gobiernos intentan atribuirle una postura anti-morenista, buscando lucrar con la tragedia y desviar el fondo del problema. La realidad es que la Presidenta nunca lo recibió en Palacio Nacional, pese a las reiteradas solicitudes de apoyo que hizo en distintos foros.
Durante el funeral, la gente lo dijo con fuerza: “La lucha no termina, el movimiento del sombrero va a seguir.” Porque cuando un pueblo se une alrededor de la memoria de su líder, ni la violencia ni la indiferencia del poder pueden apagar esa voz.
Lamentablemente, pasaron horas para que la Presidenta de México emitiera un posicionamiento. No hubo reacción inmediata. Fue hasta la mañana siguiente que se convocó a la mesa de seguridad, pero ya era muy tarde. El daño estaba hecho.
Michoacán perdió a un presidente municipal, Uruapan perdió a su líder, y México perdió a un ejemplo de valor.
Y la pregunta que hoy resuena en cada rincón del país es simple y profunda:
¿Cuántos más tienen que morir para que el Estado reaccione?